Twitter: @Ajulianperez1

ttu.academia.edu/AlbertoJulianPerez



miércoles, 14 de noviembre de 2018

The Sybil


 by Alberto Julián Pérez ©


At the corner of my street
lives a homeless person.
The poor woman is insane.
Turn inward, she talks to herself.
She is about thirty years old.
The neighbors pass by without saying anything. 

She came to the neighborhood a year ago.
She spreaded her blankets on the sidewalk,
near a sewer. That place is her home.
There she eats, sleeps and spends her days. 

She is a modern woman:
she owns a broken radio and a calculator.
She turns or presses their buttons and talk to them.
Maybe they understand her and give her answers. 

We have accepted her as part of our reality.
The children look at her with curiousity.
She lives in her own world. 

Dirty, she is covered in rags
in winter and in  summer.
An old dog, who became her friend,
sleeps by her side. He is the only creature
who gives her his warmth, his affection.
Every noon she feeds the pigeons
the leftovers of the leftovers she receives. 

She does not pay attention to us,
and ignores what happens at her side.
"She has lost her reason", we say,
but we don´t know what reason is.
 
It seems that she hears voices.
Who knows what they say.
For me she is like a Sibyl
that receives messages from beyond. 

The neighbors try not to get too close.
She smells bad and surely has lice.
They do not want to get infected.
What would happen to us
if we went through, with her,
that invisible wall
and cross to the other side,
which we don´t know?

We take this opportunity to make our catharsis.
This dirty woman serves to cleanse us.
We purge our fear of abandonment and failure.

Oh destitute, oh innocent sibyl, forgive our debts!
We are part of your misery!

Maybe this is a test God sends us
and we are the ones being watched .
In this labyrinth without exit
I keep my hopes for resurrection.

She seems to inhabit within a recurring dream.
I think the voices she hears
are the same ones who speak to poets.

There is a tragic beauty in her.
Her life seems like a metaphor of purgatory or hell.

In her luck I see reflected the fate of many artists,
helpless in face of reality, prisoners of their dreams.

I feel that she expresses something
that goes beyond what we see.
Her silence is an enigma pregnant with questions.

Oh innocent Sibyl! Grant me a wish!
Make the distance disappear between God and us.

Look at me in the eyes once. Take my two hands.
Trust me the secrets of your voices,
and tell me, if you can, who we are.

                                    Translated by the author



                             La Sibila  
                                                            De Alberto Julián Pérez

En la esquina de casa vive una indigente.
La pobre está desequilibrada.
Vuelta hacia adentro, habla sola.
Parece tener algo más de treinta años.
Los vecinos pasamos a su lado sin decir nada.

Llegó al barrio hace un año.
Tendió sus mantas en la vereda,
cerca de una alcantarilla.
Ese lugar es su morada.
Allí come, duerme y pasa sus días.

Es una mujer moderna:
tiene una radio y una calculadora rotas.
Mueve o aprieta sus botones y conversa con ellas.
Quizás la entienden y le responden cosas.

La hemos aceptado
como parte de nuestra realidad.
Los niños la miran con curiosidad.
Ella vive en su propio mundo.

Sucia, cubierta de viejos abrigos, en invierno
y en verano, duerme junto a un perro viejo
que se hizo su amigo
y es el único ser que le brinda
su calor, su cariño.
Cada mediodía le da de comer a las palomas
las sobras de las sobras que recibe.

No nos presta atención,
ignora lo que pasa a su lado.
“Ha perdido la razón”, nos decimos,
pero no sabemos bien qué es la razón.

Parece que oye voces.
Quién sabe qué le dicen.
Para mí es como una sibila
que recibe mensajes del más allá.

Los vecinos procuran no acercarse mucho.
Huele mal y seguramente tiene piojos.
No quieren contagiarse.
¿Qué nos pasaría si atravesáramos,
con ella, la pared invisible
y cruzáramos a ese otro lado, que no conocemos?

Aprovechamos para hacer nuestra catarsis.
Esta mujer sucia nos sirve para limpiarnos.
Purgamos nuestro miedo al abandono y al fracaso.

¡Oh indigente, oh inocente sibila,
perdona nuestras deudas!
¡Somos parte de tu miseria!

Tal vez sea esta una prueba
que dios nos envía
y somos nosotros los observados.
En este laberinto sin salida
guardo cierta esperanza de resurrección.

Ella parece habitar
dentro de un sueño recurrente.
Yo creo que las voces que oye
son las mismas que hablan a los poetas.

Hay en ella cierta belleza trágica.
Su vida parece una metáfora
del purgatorio o del infierno.

En su suerte veo reflejado
el destino fatal de muchos artistas;
ante la realidad, impotentes,
prisioneros de sus sueños.

Siento que expresa algo
que va más allá de lo que vemos.
Su silencio es un enigma
preñado de interrogantes.

¡Oh inocente sibila!
¡Concédeme un deseo!
Haz que desaparezca la distancia
entre dios y nosotros.

Mírame por una vez a los ojos.
Toma mis dos manos.
Confíame los secretos de tus voces, 
y dime, si puedes, quiénes somos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario