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ttu.academia.edu/AlbertoJulianPerez



viernes, 8 de mayo de 2020

Copi político: La Internacional Argentina


                                                                                 Alberto Julián Pérez ©
                                 
            
            L´Internationale argentine fue la última novela que escribió Copi (Raúl Damonte Botana, 1939-1987), fallecido en París de Sida en 1987. Apareció publicada en francés al año siguiente. Esta obra, junto con la tragicomedia Une visite inopportune, constituyen una especie de legado literario del autor. Trabajó en ellas hasta poco antes de morir y tratan, por separado, dos problemáticas que para Copi eran muy importantes: la cuestión nacional y la identidad del escritor, la primera, y la experiencia homosexual, la segunda.
Copi vivió toda su vida adulta en París, ciudad a la que emigró a los 22 años, en 1962. Escribió la mayor parte de su obra en francés. Formó parte de una diáspora de escritores hispanos establecidos en Francia, en la que los argentinos ocupaban un lugar destacado. Cuando Copi llegó ya vivían allí Julio Cortázar y Héctor Bianciotti. Luego llegaría Juan José Saer. A estos se les sumaron los directores de teatro Jorge Lavelli y Alfredo Arias, y la actriz Marilú Marini, que ayudaron a Copi en su carrera como actor y dramaturgo.
Copi provenía de una familia de la alta burguesía argentina. Su abuelo era el periodista uruguayo Natalio Botana, fundador y director en Buenos Aires del célebre periódico Crítica; su abuela era la escritora anarquista Salvadora Medina Onrubia ; su padre, el periodista y político Raúl Damonte, casado con la hija menor de Botana, Georgina (Saítta 54-9).  
El periodismo y la política signaron el destino de su familia. Su padre militaba en la rama Antipersonalista del Partido Radical, liderada por Alvear; fue diputado nacional de 1938 a 1943 y dirigió en la Cámara Baja la comisión Investigadora de Actividades Antiargentinas (Irisarri 175-90). Fue parte del sector político que atacó a Perón, acusándolo de agente del régimen nazi.
 El 17 de octubre de 1945, cuando se produjo en Buenos Aires la movilización obrera que pedía por la liberación de Perón, ocurrió un grave incidente policial en el que quedó implicado el diario Crítica. Desde su edificio tirotearon a una columna de manifestantes que pasaba por Avenida de Mayo y asesinaron a un joven estudiante. El padre de Copi, que era Director del periódico (su suegro, Natalio Botana, había muerto en un accidente en 1941), optó por dejar el país y se estableció con su familia en Montevideo (Tcherkaski 48).
Copi residió en Uruguay hasta 1955. Habitó en Montevideo entre sus 6 y sus 15 años. La familia regresó a Buenos Aires después del Golpe de Estado que derrocó a Perón y Copi cursó su última parte del Bachillerato en el Colegio del Salvador. No hizo estudios universitarios.
En Buenos Aires tuvo una vida social activa, leía mucho e iba al teatro. Su familia disfrutaba de la vida cultural porteña: su abuela había sido dramaturga y su padre tenía inclinación hacia el arte y la pintura. A Copi le gustaba el teatro y el dibujo. Comenzó a dibujar para periódicos y revistas locales. Eran dibujos humorísticos, satíricos (Pron 14)
Al poco tiempo de llegar a Francia pudo entrar como dibujante de planta en uno de los periódicos más prestigiosos del país, Le nouvel observateur. Durante diez años trabajó para el semanario, creando tiras cómicas que lo darían a conocer al público francés y europeo. Su personaje más popular fue « La femme assise », la mujer sentada (Barbéris 18-9).
A diferencia de los otros escritores argentinos residentes en París en esa época, Cortázar y Bianciotti particularmente, Copi había tenido una formación literaria limitada. Se sentía más cómodo con aquellos artistas que poseían una educación amplia y ecléctica, como la suya. Fue muy importante para él conocer a los integrantes del Grupo Pánico : Alejandro Jodorowsky (1929 -  ), Roland Topor (1938 – 1997) y Fernando Arrabal (1932 -   ). Jodorowsky era chileno y Arrabal español. Topor era el único francés y era artista plástico.
Arrabal había llegado a París en 1952 y se acercó a André Breton, el líder del Movimiento Surrealista, que lo invitó a sus reuniones y promovió algunas de sus obras. Sus ideas influyeron en el joven Arrabal. Breton proponía trasponer las barreras que separaban el arte de la vida. Quería que los géneros y las artes fluyeran y se entremezclaran. El artista debía crear libremente, forjar lenguajes nuevos. Permitir que el mundo imaginario se confundiera con el mundo real.
Al tiempo de participar en los encuentros de Breton, Arrabal, Jodorowsky y Topor se distanciaron de él y conformaron un grupo separado. Resentían el control que este quería tener sobre los artistas que se vinculaban con él. Asimilaron, sin embargo, sus ideas. Los jóvenes del Grupo Pánico utilizaron como base de sus creaciones, según Arrabal, sus propias experiencias biográficas y aquellos acontecimientos históricos que habían sido importantes en sus vidas. Los asociaban libremente con sucesos imaginarios,  combinando biografía y fantasía. Arrabal creía que Breton en su obra había descuidado esta posibilidad (43-4). Esto no era objetivo. Bretón había publicado en 1928 una novela pionera, fundamental para el movimiento, basada en sus experiencias personales, Nadja.
Los miembros del Grupo Pánico no se limitaron en sus creaciones a una forma artística determinada : iban de las artes plásticas al teatro, al cine, a la narrativa. Copi se acercó a ellos y estos lo aceptaron. No trataron de condicionarlo, porque estos artistas no aspiraban a conformar un movimiento ni crear su propio canon. Eso era algo que le criticaban al Surrealismo: había generado nuevas reglas, nuevos límites, nuevas formas. Breton se había transformado para ellos en un artista ortodoxo. Los artistas pánicos buscaban mayor libertad en las formas y en el lenguaje. Eran jóvenes expatriados y se sentían cómodos con su nueva identidad. Habitaban en un centro cosmopolita donde convivían múltiples lenguas y nacionalidades (Torre-Espinosa 219-44).
Copi, como espíritu independiente, aprendió mucho durante sus primeros años en París, e hizo su propio camino. Buscó sus oportunidades. Su trabajo en Le nouvel observateur le abrió puertas. En 1965 le pidieron autorización para llevar su personaje humorístico « La mujer sentada » al teatro. Los convenció de que él mismo lo podía hacer. Venía de una familia de dramaturgos y en su adolescencia había escrito una obra. Le presentaron al director de teatro Jorge Lavelli, formado en Buenos Aires. Se hicieron amigos y empezaron a colaborar juntos (Tcherkaski 53-62). Ese año también llegó a París el dramaturgo y director franco-argentino Jerome Savary. A partir de 1966 Copi escribió numerosas obras teatrales en francés, en varias de las cuales actuó. Si bien el francés no era su lengua materna, se sentía cómodo expresándose en ella. La adoptó como su lengua artística. Escribirá muy pocas obras directamente en castellano (Estrade 161-74).
Se ataba poco a las convenciones. A la hora de escribir, su punto de partida era la página en blanco. En su entrevista con José Cherkaski, en 1983, Copi reconoció que su formación era limitada, tanto en las artes plásticas como en la literatura (27-31). Había sido muy buen lector durante los años que pasó en Argentina, de los 15 a los 22 años. Esa formación no se extendió en el tiempo. En esos momentos casi no leía ni iba al teatro.
Durante su adolescencia y su primera juventud había visto mucho teatro. Su familia amaba el arte. Hablaban de cine, de libros y de pintura. También de política. Su padre había conspirado contra el gobierno constitucional de Perón y apoyó el golpe militar que lo derrocó. Regresaron al país después del golpe. La dictadura militar creó un estado policial y reprimió duramente a los sectores populares. Su familia fue una de las que se benefició con los cambios políticos.
Copi creció en un ambiente elitista y reaccionario, típico de la alta burguesía argentina. Su padre deseaba que siguiera sus pasos. Él había estado al servicio de los intereses de su familia. Había sido la mano derecha de su suegro, había practicado “periodismo de guerra” y defendido la política oportunista de su grupo (Abós 339-42). Copi, sin embargo, estuvo muy lejos de obedecer el deseo paterno. Se abrió a otros intereses. Era homosexual y su obra muestra el peso que su experiencia sexual tuvo en su vida. La oligarquía porteña era una clase limitada y prejuiciosa. Era racista, machista, hipócrita. Copi cuestionó sus valores y su manera de ver el mundo.
Su homosexualidad se volvió para él algo más que una práctica personal : la levantó como bandera de libertad. Se transformó en uno de los pilares sobre los que descansó su creación artística. No negó su biografía familiar, ni la historia de su país, aunque le resultaban conflictivos y difíciles de asumir. En sus obras circula subterráneamente una constante crítica a su clase de origen. Tuvo un enorme coraje para enfrentar la vida.
Su existencia fue difícil y en muchos aspectos trágica. No se lamentó de las vicisitudes que vivió con su familia, ni se dejó llevar por la autocompasión ante la trágica enfermedad que lo asoló y le ocasionó la muerte.
A partir de la década del setenta, Copi agregó un nuevo género a su producción : la narrativa. Escribió novelas y cuentos durante los años sucesivos. Empleó, igual que en su dramaturgia, el francés, en la mayor parte de su obra. En 1984 supo que tenía Sida. En esos años esta era una enfermedad mortal, que desgastaba progresivamente el sistema inmunológico y llevaba a los infectados a la muerte. Copi comprendió que su carrera literaria estaba llegando a su fin. Cada nueva obra que preparaba era una especie de despedida.
L´internationale argentine es una novela que escribió aprisa, dada su situación personal. Su estructura resulta más simple que la de otras novelas suyas anteriores, como Le bal des folles, 1977 y La vie est un tango, 1979. Necesitaba ajustar cuentas con su país y su cultura. L´internationale argentine es una sátira política en que denuncia los prejuicios, el racismo, el elitismo, el oportunismo de su clase de origen: la oligarquía argentina.
Su personaje principal, Nicanor Sigampa (inversión de sílabas: Si-gam-pa; si-pa-gan), es un individuo que, como lo indica su nombre, paga y compra todo. Es un hombre de raza negra, que se comporta como un señor blanco argentino de la clase alta de los años cincuenta : imita a la aristocracia inglesa, tanto en sus modales como en su manera de vestir, es terrateniente y vive de sus rentas, considera a la política un juego. Frente a él está Copi, el narrador y personaje antagonista (el escritor le pone su propio nombre), un poeta mediocre al que Sigampa finge admirar.
Al componer el personaje del poeta, Copi toma como materia su propia historia y biografía. Incluye a su padre y a su madre dentro de la trama cómica. La  vida de su narrador-personaje tiene paralelos ciertos con su propia vida : es un emigrado que sale de Argentina a los 22 años y se transforma en un artista expatriado en París.
El autor despliega en esta obra los recursos dramáticos y narrativos que fue desarrollando a lo largo de su vida. Una parte central de su poética es la celebración de un gran espectáculo grupal, una “fiesta pánica”, serio-cómica y grotesca en momentos cruciales de la trama. Estas escenas eran comunes en las obras de teatro y películas de los artistas del Grupo Pánico, que daban a esas fiestas un valor ritual (Arrabal 97). Copi crea en estas escenas múltiples enredos y confusiones. Sus personajes realizan las cosas más bizarras. El autor procede con total libertad de invención.
Las situaciones cambian en forma vertiginosa, pasan de la tragedia al ridículo en unos pocos párrafos. La fiesta se confunde con la lucha y la guerra, una puede transformarse en la otra, y sus características sobreviven en ambas. Las encontramos en prácticamente todas sus novelas, tanto las de temática homosexual, como Le bal des folles y La guerre des pédés, como en sus obras más políticas, con personajes heterosexuales, como La vie est un tango y L´internationale argentine. En estas dos últimas obras tienen un peso formal más limitado que en las novelas homosexuales. La fiesta en el bar de la primera parte de La vie est un tango se transforma en una gran batalla, y la fiesta en la embajada de Uruguay en el fin de la novela L´internationale argentine es una lucha campal donde encontramos situaciones grotescas y exageraciones absurdas.
El cuadro dramático es la unidad expresiva básica de su arte, independientemente del medio de representación.  Lo utiliza por igual en el dibujo, el teatro, la novela y el cuento (Aira 14-5). La escena le da a la situación o historia la inminencia del presente, y crea un gran despliegue visual y escénico. El escritor puede poner en juego a distintos personajes. Estos se comportan de la manera más impredecible y “loca” casi siempre. No olvidemos que el primer género en que se destacó Copi fue la tira cómica y la caricatura popular.
En sus tragicomedias y sus novelas, Copi crea múltiples situaciones con personajes marginales. Sus travestis, gigolós y transformistas son sumamente originales y disparatados. Copi contrasta lo que son a lo que creen ser. Estos personajes sintetizan el absurdo de la condición humana. Son censurables, ridículos, enloquecidos. Pueden matar, violar, auto-mutilarse. En el delirio de la acción no se salva nadie. Todos los personajes están destinados a la destrucción. Se trata finalmente de una gran ceremonia de sacrificio. Son situaciones catárticas.
El argumento de L´internationale argentine progresa y se desenvuelve con fuerza y rapidez. La novela está cargada de situaciones de gran riqueza ideológica. Estos eventos crean una historia exaltada, en crescendo constante.
En el comienzo el poeta Darío Copi, narrador y personaje, residente en París, conoce a Nicanor Sigampa. Lo cita para hablar con él en el Café de la Paix. Es el año 1986. Nicanor es un argentino negro, descendiente de esclavos, que vive en París. Posee una fortuna incalculable y es muy excéntrico. Su tarjeta de presentación dice : « Internacional Argentina. Frutos de la imaginación ». Está organizando una Internacional Argentina, que se propone reunir a todos los artistas e individuos creativos y sensibles que viven en el extranjero, y coordinar sus acciones. Le entrega un cheque de 500.000 francos. Lo invita a cenar en su casa al día siguiente. Vivía en una mansión en el exclusivo sector parisino de Neuilly, con su madre anciana y su padre muerto embalsamado.
La extraña historia se vuelve cada vez más atrapante (Amícola 145). Uno tiene que aceptar que va a moverse dentro de un mundo inverosímil, alegórico (Montaldo 111). Es una novela surreal y el creador nos cuenta lo que desea e imagina. Comunica una sensación de libertad al lector. A un disparate le sigue otro y a una carcajada la siguiente.
Sigampa trata de convencer a Copi de que la Internacional es apolítica. Este disiente. Los artistas, le dice, tienen todos opiniones políticas y además se detestan. Copi es un antagonista de Sigampa. Los otros personajes tampoco están de acuerdo entre sí, se pelean. Estos enfrentamientos crean situaciones cómicas y hacen que la historia tome caminos imprevisibles. En este universo no hay armonía. El objetivo de la Internacional Argentina es alterar el mundo, revolucionarlo.
Los personajes están en un juego constante de seducción frente a los demás. Quieren que el otro sirva a sus intereses y se someta a sus gustos y caprichos. Pero el otro se resiste. Este juego genera una dinámica que modela la relación entre todos los personajes.
Copi le dice a Sigampa que no comparte su utopía. Este lo presionará hasta lograr que acepte lo que él quiere. Copi se va al barrio bohemio de Montparnasse para deambular por sus cafés y restaurantes. Allí el personaje le cuenta al lector su vida: su biografía tiene paralelos con la historia real del autor. Dice que se fue de Argentina a los 22 años y se mantiene al abrigo de los problemas políticos. Se sintió siempre un argentino en París, un ser apolítico y sin nacionalidad, pero no un exiliado. Nunca tuvo nostalgias de Buenos Aires.
Entra en varios restaurantes: en uno ve a la artista avant-garde argentina Mafalda Malvinas y a sus propios padres. Estos se habían vuelto hippies y consumían drogas. Tenían más de setenta años y se comportaban como adolescentes. Su padre, que era Cónsul del Uruguay en París, le pregunta por la obra que está escribiendo: su « trilogía poética ».
Allí le presentan a la hija natural de Jorge Luis Borges: Raula Borges. En un restaurante vecino encuentra a su futuro rival, el mal poeta Miguelito Pérez Perkins, agregado cultural de la Embajada Argentina y novio de Raula. Había sido su compañero de clase en el Colegio del Salvador en Buenos Aires. Miguelito le cuenta la historia de Sigampa : había tenido un accidente montando a caballo que lo había dejado en coma durante cinco años; había podido recuperarse y era el hombre más rico de la Argentina.
Al día siguiente llega a su departamento de visita su ex-mujer, María Abelarda. Es la típica artista porteña interesada y oportunista. Vive en New York, organiza “happenings” y hace « streaking », desnudándose  en lugares públicos. Copi no quiere compartir su apartamento con ella. Se va. Decide volar a Argentina para escribir allí sus libros. Sigampa, que lo sigue, lo convence de quedarse: le promete hacerlo Presidente del país para 1990. Quiere crear en Argentina una nueva república. La imaginación será la guía de su política.
Regresa a su departamento y se encuentra con Miguelito Pérez Perkins. Su padre lo llama porque necesita dinero. Se jugó el Consulado en el Casino y lo perdió. Su madre le informa que le van a celebrar su cumpleaños en el Consulado. Copi había nacido en agosto, no en diciembre como creía. La trama adquiere un carácter cada vez más inesperado y desopilante. Llega el embajador argentino Pérez Sanchulo con su mascota salvaje: un puma. Quiere que Copi pida 4.000 millones de dólares a Nicanor para la Embajada. Le ofrece un porcentaje.
Copi sabe que no le interesa el poder. Pero siente curiosidad : ¿podía un energúmeno como él ser Presidente y hacerse pasar por un iluminado de la historia? Finalmente, acepta el desafío.
Sigampa le presentará a los miembros de su gabinete ministerial y prepararán un manifiesto. Sacarán su doctrina de su libro de poesía El sol rojo de las Pampas. La imaginación poética será el motor de su acción política.
La trama se vuelve cada vez más densa. La novela deviene una comedia de enredos. La confusión da lugar a situaciones impredecibles.
Esa noche cena en un restaurante chino con María Abelarda. Van a una boite argentina y encuentran a Raula y Miguelito. Reflexiona sobre su vida en París. Había salido de su patria escapando de lo que la dictadura argentina había hecho posible: la corrupción administrativa, el machismo, la homofobia, la censura. En esos momentos las cosas habían cambiado. Había un presidente del Partido Radical. Como el personaje del tango “Volver”, él está anclado en París, pero dejó su corazón en Buenos Aires.
Sigampa lo manda buscar. Lo habían herido en una pierna. Le dice que le va a dejar instrucciones en su caja fuerte sobre lo que tiene que hacer en caso que a él le pase algo. Sus guardaespaldas lo escoltan de regreso a su casa. El Embajador lo esperaba, emocionado. Le habían dado el dinero. Se escuchan dos tiros. Los guardaespaldas habían disparado contra el puma, que muere en brazos de su amo.
Copi y María Abelarda se van a vivir al caro hotel George V. Miguelito le informa que encontraron muerto al Embajador. Al día siguiente Copi va al almuerzo de Nicanor. Están presentes el embajador soviético y varios de sus primos: todos negros imponentes como él. Venían de varios países y se dedicaban a las altas finanzas. Financiarían su campaña presidencial. Planean organizar una inmigración masiva de negros a la Argentina. Copi está a favor de la integración racial. En su patria hay lugar para todas las minorías oprimidas, inclusive la indígena. Cree en un mundo sin fronteras ni razas.
Descubren que fue Miguelito Pérez Perkins quien mató al embajador. Nicanor lo hace encarcelar. Cree que es un terrorista. Copi prepara un manual sobre la interpretación de sus obras poéticas, que son la base de su doctrina política.
Van a la fiesta que le organizan a Copi en el Consulado del Uruguay. Será el último gran escenario. Al llegar el Consulado se estaba incendiando. Su padre le dice que la policía liberó a Miguelito. Al embajador lo había asesinado su propia esposa.
Preparan un Manifiesto con Nicanor. Habrá justicia social y diversión para toda la población. Repartirán pan gratis. Nicanor depositará 4.000 millones de dólares en el Banco Nación de la Argentina. Van a hacer una película sobre la vida de Copi, al estilo de las comedias norteamericanas. Llega Miguelito, que salió de la cárcel, con Raula. Miguelito lo enfrenta y Raula lo llama dictador fascista. Hacen las pases.
Su madre le confiesa que él nació en un campo de concentración judío y no es hijo de su padre. Es hijo de un sub-oficial nazi. Su marido era el Capo del pabellón. Emigraron a Argentina después de la guerra. Será el primer presidente judío de la Argentina. Su nombre verdadero es Kopisky, de Varsovia. Bajan al salón de fiesta.
Nicanor le anuncia que la imaginación perdió la contienda y la mediocridad ganó la partida. Sus primos lo rechazaron y eligieron a Miguelito Pérez Perkins como candidato a Presidente. Los argentinos no aceptarían tener un presidente judío. Juntos Copi y él serían la alianza de un negro paralítico y un judío ciego.
Copi, humillado, busca a María Abelarda. Estaba haciendo el amor con Salame Sigampa. Toma el revólver que ella guardaba en su cartera. Habían llegado los periodistas. Los sirvientes portaban carteles que decían “Internacional argentina. Los frutos de la imaginación”. Habían tachado su nombre y escrito encima “Pérez Perkins”. La orquesta tocaba el tango “La cumparsita”. Se encienden los reflectores y en lo alto de la escalera aparece Miguelito acompañado de Raula. La gente los aclama. Lee una “Oda” de Copi, diciendo que él es el autor. Copi saca el revólver del bolsillo. Le apunta a Miguelito. Los guardaespaldas de Sigampa lo ven y le disparan un balazo en la frente. Copi muere. Es el fin del accidentado argumento.
Su sátira critica a la sociedad argentina. La presenta como una sociedad antisemita y racista, que niega su relación con su pasado indígena. Copi defendía la integración racial. En Argentina, donde vivían muy pocas personas de raza negra, la clase alta y la clase media llamaban “negros” y “cabecitas negras” a los obreros y trabajadores pobres. Era su manera despectiva de negarles valor. El gobierno popular de Perón los había reivindicado: eran sus “grasitas”, sus “descamisados”.
Copi no se identificaba con la manera de pensar de la clase alta antiperonista. Su filosofía política era una idealización de la filosofía libertaria del 68 francés, que él había vivido. Su novela es un ajuste de cuentas con su confuso pasado argentino. Su situación de clase era difícil: descendía de una familia que había sido propietaria de un importante periódico popular, Crítica, y había hecho su juego con el poder político al servicio de sus intereses. En esta obra su padre y su madre aparecen como hippies extravagantes, viejos borrachos que utilizan la diplomacia en su propio beneficio.
Las mujeres que retrata son vanidosas y aman el dinero. Piensan en el poder e impulsan a los hombres a alcanzarlo para beneficiarse ellas. Los artistas son seres decadentes. Individualistas, viven en constante competencia entre ellos.
Copi mira su pasado con desencanto. No quiere mostrar compasión hacia sí mismo. La distancia, sin embargo, lo lastima. Es un artista expatriado. Vuelve a sus orígenes: su país, su infancia, su familia. Necesita autoafirmarse en ese momento trágico. Su enfermedad, el Sida, era grave y mortal.
Sostiene una estética personal e híbrida. Su novela es a un tiempo comedia de enredos y sátira de costumbres. Sus personajes son caricaturas burlescas.
Los artistas expatriados no se aceptan entre sí. Su sueño de internacionalidad fracasa. Al final de la novela triunfa el impostor Pérez Perkins.
París es la casa de muchos artistas desplazados. Sueñan con conquistar el mundo. Los escritores viven en un estado de exaltación constante.
Esta es la novela póstuma de Copi. En ella quiso decirnos algo sobre la vida de la diáspora argentina y la moral de su país. Reconocemos al hombre que habitó una vorágine y no siempre pudo elegir. Nos dejó una literatura singular, que celebra la vida aún en sus momentos más difíciles.
Su manera de novelar se ajusta al desarrollo de su personalidad. Permitió que su arte fluyera evitando ponerse límites. Siempre prestó más atención a sus propios deseos y necesidades que a la historia del género. Su poética es híbrida porque es personal, no trataba de ceñirse a una forma ideal ni de crear escuela. El acomodamiento progresivo a las exigencias materiales del medio social parisino y las transformaciones subjetivas que sufrió lo llevaron a buscar y desarrollar nuevos procedimientos formales para poder expresarse.
Su imaginación era la fuente principal de su arte. Su desafío era enfrentarse con la página en blanco. Por eso en sus escritos la forma fluye, es abierta. Encuentra nuevos modos y su lector tiene que adaptarse a su propuesta. Va modelando su propio público.
Copi es el artista que sale de sí mismo, de su patria, de su lengua, de los mandatos sociales, y asume una nueva identidad. Esta necesidad obsesiva de extrañamiento lo lleva a habitar un margen de la literatura (Link 54). Es un artista maldito. Su relación con la historia literaria es ambigua. Lo guían ideas neo-vanguardistas. Es en cierto modo un escritor post-surrealista.
Sus desplazamientos entre países y lenguas y sus cambios de identidad forman el núcleo vivo de su literatura. Ambas experiencias fueron para él fuentes de gran conflicto y sufrimiento: por eso la naturaleza agónica de su obra.



                                    Bibliografía citada

Abós, Álvaro. Ciudadano Botana. Buenos Aires: Vergara, 2013.
Aira, César. Copi. Rosario: Beatriz Viterbo, 1991.
Amícola, José. Estéticas bastardas. Buenos Aires: Biblos, 2012.
Arrabal, Fernando. La panique. Paris: Union Générale d´Éditions, 1973.
Barbéris, Isabelle. Les mondes de Copi. Machines folles et chimères. Paris: Éditions
            Orizons, 2014.
Copi. L´uruguayen. Paris: Christian Bourgois, 1972.
---. La vie est un tango. Paris: Éditions Libres-Hallier, 1979.
---. L´internationale argentine. Paris: Belfond, 1988.
---. La Internacional Argentina. Traducción de Alberto Cardin. En Copi, Obras (Tomo
 I). Barcelona: Editorial Anagrama, 2010: 223-340.
---. Une visite inopportune. Paris: Christian Bourgois, 1988. 
---. Le bal des folles. Paris: Christian Bourgois, 1977.
---. La guerre des pédés. Paris: Albin Michel, 1982.
Estrade, Christian. “Copi. Extranjero en la lengua”. Ana Santos y José d´Almeida, Eds.
            L’ Étranger tel qu´il (s) écrit. Porto: Universidad do Porto, 2014: 161-174.
Irisarri, María Jimena. “Las actividades del nacionalsocialismo en Argentina. El
            diputado Raúl Damonte Taborda y el diario Crítica (1938-1943).” Anuario del
 Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos S. A. Segreti”. Córdoba (Argentina),
año 13, n° 13, 2013: 175-190.
Link, Daniel. La lógica de Copi. Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2017.
Montaldo, Graciela. “Un argumento contraborgiano en la literatura argentina de los
            años 80 (Sobre C. Aira, A. Laiseca y Copi)”. Hyspamérica No. 55 (1990): 105-
            112.
Pron, Patricio. “Aquí me río de las modas”. Procedimientos transgresivos en la
 narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética
en la literatura argentina. Tesis doctoral. Philosophischen Fakultät de la
Georg-August-Universität de Göttingen, Alemania. 2007. Web.
Saítta, Sylvia. “ Anarquismo, teosofía y sexualidad: Salvadora Medina Onrubia”. 
            Mora Revista del Área Interdisciplinaria de Estudios de la Mujer No. 1 
            (1995): 54-59.
Tcherkaski, José. Habla Copi. Buenos Aires: Galerna, 2013. Nueva edición ampliada.
Torre-Espinosa, Mario. “La influencia de las vanguardias francesas en el Teatro
            Pánico de Fernando Arrabal”. Impossibilia. Revista Internacional de Estudios
            Literarios No. 17 (Mayo 2019): 219-44.



Publicado en Revista Renacentista, Mayo 2020. Web. 

domingo, 26 de abril de 2020

Saer/Cicatrices: hacerse escritor

                                                
                                              Alberto Julián Pérez ©
                                    
            En 1968 el joven escritor santafesino Juan José Saer (Serodino 1937-París 2005), autor ya de tres libros de cuentos, En la zona, 1960; Palo y hueso, 1965 y Unidad de lugar, 1967, y dos novelas, Responso, 1964 y La vuelta completa, 1966, y profesor de Historia del cine y Crítica y estética cinematográfica en el Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe, se va becado a Francia por seis meses. Una vez allá, logra prolongar su estadía y, a partir de entonces, Francia se transformará en su lugar de residencia permanente.
Poco después encuentra trabajo como profesor de lengua y literatura en la Universidad de Rennes. En Francia continuará con ahínco su labor literaria. Los libros que escribirá mantendrán viva la memoria de su patria. En su obra la ciudad de Santa Fe será su espacio literario predilecto.
            Antes de partir de su país, en 1968, había terminado la novela Cicatrices. Aparecerá publicada en Argentina recién al año siguiente, cuando ya residía en París (Premat 501). Es su última obra escrita en suelo americano. En ella Saer reflexionó sobre el proceso de formación del escritor. Al leerla comprendemos que el Saer que parte a Francia es ya un escritor maduro, que concibe un proyecto literario propio.
Varios de los personajes de Cicatrices: Ángel, Tomatis, Barco, Rosemberg, aparecen en otras novelas de Saer y son parte de su universo narrativo. Ángel, un joven con vocación literaria, es la figura central. La acción ocurre en la ciudad de Santa Fe y sus alrededores. Sus actores registran la vida urbana con morosidad y deleite (Gramuglio 330).
Saer ve a sus personajes desde una perspectiva existencial. Son seres que dudan, se angustian, se desesperan. El existencialismo, que había empezado a difundirse en Argentina a partir de la década del cuarenta, era aún una corriente filosófica vigente en esos momentos. Muchos artistas e intelectuales respetaban sus ideas. Camus y Sartre estaban entre los autores predilectos (Savignano 34-60).[1]
El cine influyó en la práctica literaria de Saer. La década del sesenta fue una época excepcional para el cine experimental europeo, admirado y estudiado en Argentina. Los directores de Francia, Italia, Inglaterra, Alemania presentaron en sus películas propuestas innovadoras revolucionarias (Sala 1-14).[2]
Saer busca dar a las imágenes de sus descripciones la plasticidad propia de la imagen cinematográfica. Sus cambios de punto de vista y el enfoque en determinados objetivos nos recuerdan la agilidad de la cámara.
            En Cicatrices la narración se centra en cuatro historias. La inicial, la historia de Ángel Leto, contada en primera persona, desde una perspectiva temporal abarca a todas. Ángel es un joven periodista de diecisiete años que trabaja en el periódico santafecino La región. Los sucesos que cuenta ocurren durante un lapso de cinco meses del año 1964. Ángel, que tiene diecisiete años en un comienzo, cumple poco después dieciocho. La novela de aprendizaje de Thomas Mann, Tonio Kroeger, que lee, le sirve de marco a su propia narración. El personaje nos cuenta cuáles son los escritores norteamericanos y europeos contemporáneos que prefiere. Cita a Chandler,  Faulkner, Thomas Mann, Nabokov. Son los autores que Saer consideraba indispensables para la formación de un escritor en esos momentos. [3]
Ángel observa y describe a los personajes con los que se encuentra. Son seres que se aproximan a él, coinciden parcialmente con sus  intereses y luego se separan. Parecen círculos que se tocan y por momentos se superponen.[4]
Estos círculos son una alegoría de aquello que nos quiere indicar el escritor: lograr una comunicación auténtica con los otros seres es difícil. Sus personajes no pueden hacerlo. Cada individuo tiene su propio destino, la interacción humana es frágil. Los hombres están encerrados en su propio egoísmo. Esta visión individualista, pequeño-burguesa, pesimista, caracteriza a Saer. Nos muestra a seres destructivos. Sufren y el dolor, por momentos, parece darle sentido a la existencia.
La vida de cada personaje es una especie de apuesta. La frase final de Luis Fiore, antes de suicidarse, “Los pedazos no pueden juntarse”, resume el drama de la novela: los seres humanos no logran integrarse, ni entenderse, ni acercarse honestamente unos a otros. No encuentran la unidad ni la felicidad. Pulsiones enfrentadas los tiran hacia un lado y otro y los desgarran. El sufrimiento constante deja marcas, cicatrices. La vida se hace a los golpes.
            La historia del joven Ángel Leto preside la obra. Está encargado de la sección del tiempo (que no entiende) y de Tribunales en su periódico. Mientras cubre un caso para la sección de Tribunales presencia el suicidio del sindicalista Luis Fiore, acusado del asesinato de su esposa. El mal parece rondar la experiencia humana.
Ángel se ha hecho amigo de Carlos Tomatis, un escritor y periodista que él admira y se transforma en su padre sustituto. Su padre real es un hombre débil y fallece de cáncer. Tomatis, en cambio, es el padre que hubiera querido tener: machista, seductor, intelectual, irónico, buen escritor. Lo ayudó a entrar en el diario y lo protege.
Ángel describe a Tomatis como un hombre irresistible. Las mujeres quieren intimar con él. Tomatis consiente, pero no se compromete con ninguna. Finalmente, se acuesta con la madre de Ángel: ese hecho traumatiza al muchacho. La trama se alimenta de relaciones prohibidas o censuradas por la moral burguesa y el fantasma del incesto es una amenaza latente.
La madre de Ángel es una mujer libertina, que se pasea por la casa semidesnuda enfrente de su hijo, y no cuidó bien a su esposo enfermo de cáncer, que ya falleció. Sale regularmente por las noches y regresa a la madrugada. Cuando hace el amor con Tomatis, su hijo los descubre.
Ángel presencia el suicidio del sindicalista. Fiore salta por la ventana de Tribunales durante su indagatoria. El juez que lo interroga, Ernesto López Garay, es un “amigo” de Ángel. López Garay es un hombre homosexual que se siente atraído por el joven periodista. Le permite, contra la ley, que esté presente en el interrogatorio.
Las mujeres, en la trama, son personajes “acompañantes”. No protagonizan: actúan como contraparte a la personalidad del hombre. Realzan su importancia y su machismo. Saer ve a la mujer en un papel secundario, subordinado. Tomatis las considera objetos de placer y las llama putas (Cicatrices 98). Las usa y las deja. Ángel, en una parte increíble de la novela, se enfurece con su madre, la abofetea y la golpea. Después de la paliza la relación con ella mejora, y Tomatis concluye que de vez en cuando conviene castigarlas (98). Ángel no parece sentir culpa por su conducta abusiva con su madre, ni se reprocha nada. Como hombre siente que tiene derecho a pegarle a la mujer, aún a su progenitora.
Los personajes femeninos en las otras historias son también limitados. Los hombres reaccionan frente a ellas de distinta manera. La esposa de Fiore es una mujer “provocadora”, que irrita a su marido, y este la asesina de dos tiros de escopeta. Delicia, la sirvienta de Sergio Escalante, el abogado jugador autodestructivo, es una chica adolescente que se ha enamorado de él y acepta que este pierda en el juego el dinero de sus sueldos. Delicia es una adolescente dulce y buena, que se niega a sí misma y se realiza en el amor a su señor.
Las amigas de Tomatis, la madre de Ángel, la esposa de Escalante, la esposa del juez, son mujeres dependientes, interesadas y vulgares. El autor no se compadece de ellas. El sujeto de la tragedia, de la historia, de la existencia, para Saer es el hombre y su drama: su incomunicación, su aislamiento, su falta de comprensión cabal de las cosas, su lucha vana con su destino.
Saer ubica a los personajes en su medio laboral y social: Ángel es periodista, Ernesto López Garay juez, Sergio Escalante un ex abogado laboral peronista y Luis Fiore un ex sindicalista peronista. La trama transcurre en 1964, durante la presidencia de Arturo Illia, un político Radical en connivencia con el poder cívico-militar que gobernaba la Argentina después del golpe de estado de 1955, que derrocó al gobierno constitucional del Presidente Juan Perón, y dio lugar a un largo período de Resistencia civil peronista (Abbate, El espesor del presente 75). Tanto Fiore como el abogado Escalante son peronistas, y el abogado Marcos Rosemberg es comunista. Lo político forma parte del trasfondo realista de la novela, pero no es central en su desarrollo (Sarlo 23-27).
Saer describe detalladamente las experiencias individuales de los personajes. Estos se miran vivir con sorpresa, sin entender cabalmente lo que les pasa. Están como dentro de un río existencial que los empuja. Las pulsiones de vida se confunden con las pulsiones de muerte. Triunfan las fuerzas destructivas. Los personajes no saben cómo protegerse. Están atrapados en su dilema. Acusan los golpes, pero no pueden defenderse. La sociedad les resulta hostil, están marginados. Los demás castigan su diferencia.[5] El único personaje que logra redimirse es el jugador, Sergio Escalante. Su historia de vida es extraordinaria. Se precipita hacia su propia caída. El azar lo salva: puede descubrir a los jugadores que le hicieron trampa, recuperar su dinero, volver a casa y encontrarse con el amor puro de Delicia.
            La historia del abogado Sergio Escalante toca tangencialmente la vida de los otros personajes: Sergio rehúsa defender a Luis Fiore, el feminicida, a quien conocía. Su relato, desfasado de los otros, es conmovedor. El Negro Lencina lo va a ver para pedirle que defienda a Fiore. Él le responde que ya no ejerce y que vaya a ver al abogado Rosemberg. Sergio es amigo de Tomatis y le lee uno de los ensayos que está escribiendo.
La tercera historia, la del juez Ernesto López Garay, abarca dos meses de su vida; Ernesto es el juez encargado de la causa del crimen. La cuarta historia, la de Fiore, que cierra la novela, comprende el día del asesinato, el primero de mayo, y los días subsiguientes, hasta el momento de la indagatoria, en que se suicida. Todas están narradas en primera persona, pero la historia de Ángel preside. Sentimos que estamos observando a los otros personajes bajo su visión. El establece la prioridad en la importancia de los hechos.
Sergio Escalante y el juez, como Ángel, aman la literatura. Sergio escribe un libro de ensayos, en el que estudia a personajes de historietas populares norteamericanas desde una perspectiva filosófica y literaria. Uno de los ensayos se titula “El profesor Nietzsche y Clark Kent”, y otro “Tarzán de los monos: una teoría del buen salvaje” (114-5).
El juez es traductor. Está traduciendo The Picture of Dorian Grey, la obra de Oscar Wilde. El juez se identifica con el personaje del pintor de la novela, que idealiza la belleza de Dorian Grey. Se siente atraído por Ángel. Es un homosexual reprimido, un hombre contemplativo, un esteta.
            Sergio Escalante había sido un abogado laborista durante la presidencia de Perón y defendía a los sindicalistas. El golpe militar que derroca al gobierno peronista, el 16 de septiembre de 1955, lo sorprende en la iglesia, durante su ceremonia de casamiento. No llegó a casarse. Lo envían a prisión durante nueve meses. Comparte celda con dos sindicalistas: el Negro Lencina y Luis Fiore. Cuando sale de la prisión empieza a jugar.
Su abuelo materno había sido un hombre muy importante en su vida. Era caudillo político del pueblo en que vivía. Por contratiempos, se retiró de la política y se fue a vivir a casa de su hija y de Sergio. Su abuelo le decía que en el poker muchos jugaban con las cartas marcadas, haciendo trampas. Este detalle resulta premonitorio en su historia. Sergio comienza a jugar a las cartas y a apostar, y no puede detenerse. Lo va perdiendo todo. Su mujer se suicida, él deja la profesión. Se juega su dinero y el que le quita a su sirvienta; por último, hipoteca la casa. Con lo que recibe, sigue jugando.
Cuando juega, goza. El placer y el terror que le provocan ganar y perder, y sufrir los vaivenes de la suerte, son todo para él. No ansía otra cosa que jugar. Sabe que es autodestructivo, pero no se detiene. Su amigo Marcos Rosemberg se lo reprocha. No lo comprende. El juego para Sergio es un universo autónomo perfecto, una suerte de obra de arte, una alegoría del destino humano. Se deja envolver por su magia y sólo puede sentirse vivir cuando está jugando.
Su sirvienta, Delicia, es la única que lo entiende. Delicia es tan singular como Sergio. Es una muchacha de pueblo, analfabeta, que fue a trabajar a su casa cuando tenía catorce años. Dos años pasaron y la historia de Sergio llega a su desenlace.
Delicia está enamorada de su señor. Sabe que este juega y no hace nada por detenerlo. Comprende que él lo necesita. Cuando Sergio se queda sin dinero le da la totalidad de sus ahorros para que los apueste. Cuando este los pierde le dice que no se preocupe y siga jugando. Sergio la llama “ángel” y le besa la frente. Siente que Delicia es como él: no le importa perder. Es sumisa y acepta su destino. De nada vale resistirse. Estamos en manos del azar, que preside nuestras vidas. Si hay un orden, no sabemos cómo es. Jugar es tratar de entrar en él, de descubrir el orden secreto del universo, de conocer a dios. Pero este no nos lo revela. Sólo nos deja el amor para consolarnos.
Al final de la historia Sergio está en una partida y se ha quedado sin dinero. Cuando está por abandonar, algo le llama la atención. Recuerda lo que le había dicho su abuelo, su lección: los hombres juegan con trampa. No él, ni Delicia. Se va del lugar, lleno de dudas. Momentos después regresa al sitio y sorprende a los jugadores burlándose de su buena fe: todo había sido una farsa para robarle. Los enfrenta, recupera su dinero y parte. Llega a su casa a la madrugada. Va al escritorio, pone en una caja la cantidad que le debía a Delicia y guarda el resto. Cuando va a acostarse lo aguarda el premio: el que ya nada esperaba, recibe todo. Delicia está en su cama, desnuda. Solo atina a decirle: “Juegan con trampas, Delicia”. Luego la besa y hacen el amor. La inocencia y la esperanza se reunieron. Lograron salir del caos y entrar en el amor. La fe de Delicia y la memoria de su abuelo lo salvó.
           Ángel, el protagonista central, vive experiencias traumáticas que no esperaba. Lucha y aprende. La audiencia del juez con Fiore, a la que asiste, termina en tragedia. El encuentro sexual de su madre y Tomatis, que el presencia, es un duro golpe. Serán parte de sus cicatrices. Son heridas que enseñan. Si las supera, pueden ayudarle a crecer.
Los personajes tienen problemas graves y se enfrentan a situaciones difíciles. El juez, Ernesto López Garay, ha dejado de luchar. Es un hombre que vive aislado. Se sabe despreciado y se desprecia a sí mismo. Su mujer lo abandonó. Constantemente recibe llamados telefónicos insultándolo y llamándolo invertido y perverso. Los seres humanos para él son monstruosos. En su narración los denomina “gorilas”. Compara la conducta de la gente con la de los animales. Su visión es darwiniana. El hombre es el enemigo del hombre. Nos devoramos los unos a los otros. Se salva el más fuerte. Y él no es fuerte: es un hombre débil que no sabe defenderse. Se ha vuelto insensible al dolor del otro. Cuando Fiore salta por la ventana y muere, y su abogado le recrimina lo que pasó, Ernesto le contesta que su cuerpo al caer hizo el mismo ruido que cualquier otro. Rosemberg lo llama cobarde y lo abofetea.
El juez se salva en un mundo ideal, elitista. Se identifica con Oscar Wilde. Como él, admira a los jóvenes bellos. Cree en un orden estético superior, que está por encima de cualquier otro. Se convierte en víctima. No sabe cómo enfrentar la realidad y sobreponerse a ella. Carece de realismo práctico, un pecado esencial en el mundo de la novela.
Saer le da importancia especial a la vida espiritual y psicológica de sus personajes. Registra cuidadosamente su mundo interior. Muestra la conciencia que tiene de sí cada narrador, su grado de lucidez, sus engaños y mentiras. Ángel, su héroe principal, es un joven atormentado. Su personalidad está escindida y ve un doble, al que trata de aproximarse. Su situación existencial es única. Su historia se adensa, se vuelve cada vez más rica y compleja.
La cuatro historias se intersectan y se comunican (Premat 501). Rompen la tendencia monológica del discurso narrativo y se adentran en un espacio dialógico. El lector aprende de esa dialéctica. Las historias encontradas le enseñan algo. Su personaje central, Ángel, está en un momento crítico de su desarrollo. El lector descubre y comprende sus motivaciones. El autor nos muestra su curiosidad y el sentido su búsqueda.
Cicatrices es la novela de Saer más lograda hasta ese momento, 1969. El lector, como los personajes, se siente atrapado por ese mundo complejo y conflictivo. Sus héroes no pueden cambiar sus circunstancias. Son víctimas del destino. La sociedad no es responsable de lo que les pasa. El lector hace su catarsis. La riqueza de las historias nos seduce. Saer no trata de justificar a sus personajes en relación a su medio. No los juzga con un criterio moral. Hay una razón superior. No son seres libres.
Saer cuenta la última historia, la del obrero Luis Fiore, en presente, a través de escenas dialogadas. Su narrador es el obrero. El autor presenta la acción desde la perspectiva de la experiencia del personaje. Fiore es un individuo impulsivo y agresivo. Lo guían sus instintos, que no puede controlar. Hace el amor, caza, come ávidamente, se venga, mata. Su mujer, la víctima, es parecida a él. Es hiriente, peleadora, trata a su hija con dureza. La niña, por otro lado, tiene algo de genial. Ve en sueños lo que va a pasar. Sabe que su padre matará dos patos y luego matará a su madre.
Fiore y su esposa son individuos poco educados, de origen proletario. Saer los presenta como seres resentidos. Son violentos y descargan su rabia contra los seres que aman y dependen de ellos. Discuten y se agreden. El es un sindicalista corrupto, que ha robado en su sindicato. Su mujer lo llama ladrón y lo provoca. Finalmente él la mata con su escopeta de caza. Es un feminicidio horrible. El personaje tiene algo de monstruoso.
Saer no simpatiza con el mundo del obrero. Lo siente distante y le resulta difícil acercarse a él. No encuentra manera de justificarlo y lo demoniza.
El autor mira con escepticismo el mundo popular del Peronismo y las relaciones de clase en la novela. Comprende y representa mejor a los personajes de su sector social, la clase media, que a los personajes bajos. Simpatiza con los personajes intelectuales, inteligentes. Su trabajo narrativo gratifica a los lectores de las élites letradas que valoran el refinamiento de su prosa y comparten con él ciertos prejuicios hacia las masas populares.
            Su amor a la literatura es absoluto y se inclina al esteticismo. Conoce la historia de la literatura, particularmente la europea, y ha estudiado filosofía. Busca obsesivamente la calidad literaria y su prosa trata de ser perfecta. Muchas veces lo logra y deleita a su público. Su escritura elegante seduce. Su inteligencia literaria nos admira. Es un escritor erudito en el mejor sentido de la palabra, muy de acuerdo con el nivel elevado de la literatura argentina (“Narrathon” 161-70). Saer es un escritor post-Borges (Corbatta 560). El gran Borges ha creado en nuestra literatura un estándar de excelencia, con el cual todo escritor que se precie debe competir.
            Las historias de Cicatrices están llenas de desencuentros y frustraciones. Sus personajes conviven, pero se sienten aislados. La comunicación auténtica es imposible. La conciencia individual no puede salir de sí misma, aunque tengamos la ilusión de ser parte de un todo. Su interpretación existencial lo lleva a cuestionar el sentido de la vida.
A fines de los años sesenta el existencialismo había perdido parte del prestigio que tenía en la década del cincuenta en Argentina (Savignano 35-42). Los sectores marxistas habían aumentado su influencia. La situación política internacional habían cambiado. Los países de África y Asia, colonizados por Francia e Inglaterra durante el siglo XIX, habían avanzado en su proceso de descolonización, que iniciaron al terminar la Segunda Guerra Mundial. Los estudiantes progresistas de Europa y de Estados Unidos simpatizaron con estos movimientos y se rebelaron contra sus padres genocidas. La guerra imperialista de Vietnam fue el talón de Aquiles del imperialismo norteamericano. La revolución cubana, en Latinoamérica, cambió la agenda cultural y política. El guevarismo y los movimientos sociales incendiaron el continente.
En Santa Fe, la “patria” de elección de Saer, la Escuela de Cine desarrolló el cine documental. Proponía un cine social comprometido con su realidad histórica y política. Saer no estaba de acuerdo con sus propuestas (Abbate, “Entrevista a Juan José Saer” 44). El compromiso político, creía, no debía ser un imperativo para el artista.[6] Su creación se mantuvo en un estado de relativo solipsismo. Más tarde, en Europa, se fue encerrando dentro de sí. El aislamiento y el exilio voluntario lo llevaron a crear dentro de un universo argentino, que, en esos momentos, para él, era algo lejano e imaginario. Glosa fue su obra más acabada de ese ciclo. Su literatura, influenciada por el Nouveau Roman francés, se volvió una obra para minorías exquisitas (Alves-Mota 114).
           Con Cicatrices culmina una etapa para Saer. Es su última novela escrita en Argentina. Tenía treinta años y buscaba su consagración. Nos presenta el proceso de formación de un escritor. Como Ángel, Saer tenía que luchar, y mucho. Hacerse escritor en Argentina siempre fue un proceso difícil. El escritor necesita tener madera de héroe. No es un oficio para cobardes. Y quien no da la medida pertenece al sector despreciable de los oportunistas. El medio literario es severo y exigente.
            Cicatrices dramatiza el choque del escritor con su entorno social, su búsqueda de “padres” literarios y modelos. Sus personajes se mueven en un mundo “duro”, que no se compadece del débil y lo castiga. Las instituciones dominan y someten al individuo, que se siente inseguro y amenazado.
Las dudas y los temores acosan a sus personajes. Beben mucho. Necesitan escribir y expresarse. Tomatis, en sus poemas, describe un paisaje santafecino que casi desaparece bajo la lluvia (51); Sergio, el jugador y ensayista, analiza a los héroes de la cultura popular norteamericana desde una perspectiva filosófica. Estos personajes testimonian el enfrentamiento del individuo con un medio indiferente, que no los valora.
            Saer, quizá desencantado con su país, emigra. Su literatura siempre mostró admiración por lo europeo. Un vez allá, sin embargo, encontró difícil el adaptarse. Ese mundo santafecino, que abandona para siempre, se instala curiosamente en su literatura como paradigma. Seguramente fue un modo de compensación. La distancia le ayudó a elevar la ciudad al plano estético y fijarla en el tiempo. Su conciencia de escritor creó un mundo literario en el Santa Fe de su adolescencia y su juventud. Las grandes novelas de su etapa europea, El limonero real, 1974; Nadie nada nunca, 1980 y Glosa, 1985, mitifican el tiempo y el espacio santafecino.[7]
La novela Cicatrices crea un vínculo entre esas dos etapas de su vida de escritor: su comienzo argentino y su periplo europeo, y nos permite entender mejor a Saer. Es un testimonio metafórico de la odisea que significó para el novelista hacerse escritor.
             

                                                Bibliografía citada

Abbate, Florencia. “Entrevista a Juan José Saer.” El poeta y su trabajo No. 27 (2008):
            41-47.
---. El espesor del presente. Tiempo e historia en las novelas de Juan José Saer. Villa
            María: Eduvim, 2014.
Alvez Mota, Raquel. “O noturno do tempo em Cicatrices de Juan José Saer.” Aletria
 No. 1 (2015): 113-128.
Corbatta, Jorgelina. “En la zona: Germen de la praxis poética de Juan José Saer”.
            Revista Iberoamericana No. 155-156 (Abril-Septiembre 1991): 557-567.
Gramuglio, María Teresa. “El lugar de Saer”. Juan José Saer por Juan
 José Saer…261-300.
Premat, Julio. “Juan José Saer y el relato regresivo. Una lectura de Cicatrices.” Revista
            Iberoamericana No. 192 (Julio-septiembre 2000): 501-509.
Saer, Juan José. En la zona. Santa Fe: Castellví, 1960.
---. Responso. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1964.
---. Palo y hueso. Buenos Aires: Camarda Junior, 1965.
---. La vuelta completa. Rosario: Biblioteca Popular Constancio Vigil, 1966.
---. Unidad de lugar. Buenos Aires: Galerna, 1967.
---. Cicatrices. Buenos Aires: Planeta, 2010. Primera edición 1969.
---. Glosa. Buenos Aires: Alianza, 1986.
---. El limonero real. Barcelona: Editorial Planeta, 1974.
---. Nadie nada nunca. México: Siglo XXI, 1980.
---. “Narrathon”. Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien No. 25 (1975):
161-70.
---. Juan José Saer por Juan José Saer. Buenos Aires: Celtia, 1986.
Sala, Jorge. “Metatextualidad y comentario narrativo en el cine argentino de los 
           años sesenta.” Actas del III Congreso Internacional de la Asociación de 
           Estudios en Cine y Audiovisual. 2012. 12 págs. Web.
Sarlo, Beatriz. “Saer, un original”. Orbis Tertius No. 10 (2005): 23-27.
Savignano, Alan. “La recepción del pensamiento de Jean-Paul Sartre en Argentina: 
             la generación existencialista del 25 y la nueva izquierda de Contorno.” 
             Ideas No. 4 (Diciembre 2016): 34-61.
Silva-Escobar, Juan Pablo. La insubordinación cinematográfica. Ensayos sobre el
            Nuevo Cine Latinoamericano de Argentina, Brasil y Chile (1959-1976)
            Rosario: Prohistoria Ediciones, 2019.













[1] El cambio de postura de Sartre, que lo llevó a examinar y criticar el existencialismo y abrazar el marxismo, creo un puente entre ambas posiciones. Los intelectuales, críticos y escritores nucleados alrededor de la revista Contorno y la nueva izquierda en la década del cincuenta en Argentina, como los hermanos Viñas, Juan José Sebrelli, Oscar Masotta y Carlos Correas, discutieron y asimilaron su filosofía (Savignano 34-60).
[2]  Fernando Birri (1925-2017), que estudiaba cine en Italia, había regresado a Santa Fe en 1956 y fundó el Instituto de cinematografía en la Universidad Nacional del Litoral. Saer enseñó Historia del cine y Crítica y estética cinematográfica en la universidad. Birri desarrolló particularmente el cine documental y se destacó como creador original (Silva-Escobar 13-21).
[3] Ángel admira a Chandler, a Faulkner, a Thomas Mann, a Nabokov, y los lee durante los cinco días en que permanece encerrado en su casa, cuando lo suspenden en el diario. Gloria, la amiga de Tomatis, les lee, en inglés, poesía de Browning, Dylan Thomas, William C. William, Yeats, Eliot, Pound. Luego le regala a Ángel Tonio Kroeger, la novela de aprendizaje de Thomas Mann. Saer no incluye entre los escritores que influyen en la formación literaria de Ángel a autores hispanoamericanos ni españoles.
[4]  Ángel habla de la historia con su doble, y dice que lo imaginó « moviéndose en un círculo limitado », como era el mismo círculo en que él se movía. Y confiesa : « De una sola cosa estaba seguro : de que nuestros espacios – nuestros círculos – eran cerrados y sólo se tocaban por accidente » (78).
[5] Esos seres acorralados son una metáfora o alegoría del escritor: ubicado en el lugar del observador, no puede dejar de involucrarse en los hechos. Tampoco puede vivirlos plenamente. Habita en un lugar incómodo, entre el lenguaje y el acontecimiento social.
[6] Saer fue profesor de la Escuela de cine de Santa Fe en una etapa revolucionaria de esta escuela. Era la época del guevarismo y la Revolución Cubana. Su iniciador, Fernando Birri desarrolló el documental político y social en la Argentina. El, sin embargo, se inclinó por otro grupo, que estaba en la Escuela, y prefería la separación del arte y la vida. Saer no fue documentalista ni cronista de su sociedad, fue intérprete de las angustias de su clase media.
En los años cincuenta la aparición del Peronismo como fenómeno político y cultural había dividido al medio intelectual en peronistas y antiperonistas. Saer era antiperonista. Los años sesenta hicieron posible una nueva interpretación de la historia. El guevarismo encendió el mundo intelectual y artístico latinoamericano. Saer se ubicó en una posición incómoda, pequeño-burguesa (Abbate, “Entrevista a Juan José Saer” 41-6).

[7] Dice Tomatis, explicando su teoría de la literatura: “Hay tres cosas que tienen realidad en la literatura: la conciencia, el lenguaje, y la forma” (61). Saer creó, durante su etapa europea, con las memorias del mundo y el tiempo santafesinos, un universo literario formalista autónomo.



Publicado en Inti: Revista de 
Literaturas Hispánicas No. 91 (2020)