de Alberto Julián Pérez
Juan Filloy (1894-2000) publicó su tercera novela, Caterva, en una edición privada en 1937. Anteriormente habían aparecido ¡Estafen!, 1931, y Op Oloop, 1934. No volvería a publicar narrativa hasta la década del setenta. Con este libro cerró un periplo literario que lo ubicó frente a sus contemporáneos como un gran novelista de vanguardia.
Caterva narra la travesía de un grupo de siete linyeras que van de Río Cuarto a Córdoba Capital. Los vagabundos habían iniciado su viaje en Buenos Aires. Vivían en Villa Desocupación, la primera gran villa miseria de la ciudad, ubicada muy cerca de donde hoy está la célebre Villa 31 (Snitcofsky 293-6). Seis de ellos eran extranjeros llegados de Europa y el Asia Menor, y uno, Aparicio, era uruguayo. Solo “Aparicio” y “Dijunto” tenían el castellano como su primera lengua.
Los personajes de la novela se expresan en un lenguaje culto y sofisticado. El autor emplea un discurso uniforme. No diferencia niveles de lengua entre los linyeras, ni se preocupa por el grado de verosimilitud de sus discursos. No es un novelista realista. Llama a cada uno con un apodo. Solo utiliza sus nombres verdaderos en ocasiones especiales. Filloy crea una distancia afectiva entre los personajes y el lector.
Mantenemos con los personajes una relación intelectual. Son parte de una alegoría o una fábula. Nos inducen a pensar. “Katanga”, oriundo de Armenia, es el personaje líder del grupo (Magnus 4297- 4445). Lo secunda su amigo “Longines”, que es suizo. Completan la pandilla “Lon Chaney”, francés; “Fortunato”, checoslovaco; “Viejo Amor”, italiano y “Dijunto”, español. El narrador, progresivamente, nos va dando información sobre la vida de cada uno. Su descripción física nos causa desagrado. Son calvos, se visten con ropas viejas, están sucios. Tienen una apariencia ridícula. Han pasado los cincuenta años de edad. Katanga es algo más joven. Sostienen entre ellos extensos diálogos. Sus discursos son complejos y elaborados. Discuten problemas morales, filosóficos y políticos. El “saber” de cada uno no corresponde a la historia del personaje. Son “marionetas”. El narrador es un “ventrílocuo”, que le va dando la palabra alternativamente a sus criaturas. Retiene para sí el control final de la historia.
Filloy ya había utilizado muchos de estos recursos expresivos en Op Oloop, 1934, su novela vanguardista anterior, donde presentaba al lector un grupo de personajes extravagantes en un mundo que resultaba al lector “extraño”, anómalo. En Caterva, en cambio, el escritor inscribe la historia en el ámbito local, regional. La sitúa en la provincia de Córdoba, de donde es oriundo el autor, durante la “década infame” (Davis González 213-18). Introduce en la narración las vicisitudes de la vida política argentina. Los linyeras salen de Río Cuarto, ciudad en la que el autor residía hacía más de una década, y terminan su periplo en Córdoba Capital, donde había nacido. Procuran viajar en tren sin pagar boleto. Se esconden en los vagones de carga. El tren hacía su recorrido y se detenía en diversos pueblos y localidades. Ellos conocían la región y sabían de antemano donde apearse. En estos pueblos rurales tienen lugar las aventuras del grupo. El camino está sembrado de incidentes. Los personajes reflexionan, se explayan en largos y sofisticados discursos. Es su forma de situarse ante los hechos. Piensan, analizan, proponen. Presentan sus propios puntos de vista, y los defienden y discuten, dando lugar a encendidas polémicas. Los siete viajan y conviven, son amigos y se aprecian, y entran en relación con otros personajes que conocen en el camino. Son individuos marginados, rebeldes. Escapan al control de la autoridad. Se enfrentan a la policía, que es inmoral, punitiva e ineficaz. Los acontecimientos sociales y políticos precipitan la acción.
Argentina sufre una crisis política y económica. Todos ellos tienen un pasado tortuoso, delictivo. Han escapado de sus países de origen y vinieron a refugiarse a la Argentina. Son idealistas y luchadores, creen en la justicia social. Katanga es comunista; Longines, anarquista (Preobrazhenski 107-118). En la escena que abre la novela los linyeras están bajo un puente, a orillas del Río Cuarto.
El narrador explica que no han llegado allí accidentalmente, como los “cantos rodados” del río, sino en virtud de “una corriente espiritual” que los unió y los “empujó” por el “cauce” (Caterva 11). Están preparando un asado. Aparecen de pronto dos policías, revólver en mano. Dicen que están buscando a un individuo peligroso (Guevara 1250-86). Revisan el lugar. Uno de los agentes les hace notar que allí hay siete catres y ellos son solo seis. ¿Dónde está la persona que falta? Los policías están persiguiendo a un individuo que trajo a los huelguistas locales diez mil pesos del Socoro Rojo Internacional, y se los entregó para apoyar la insurrección. Se trata de una conspiración comunista (28).
Los linyeras no responden. Quien faltaba, sabían ellos, era “Aparicio”, el uruguayo, un hombre rebelde, revolucionario, antiguo soldado del legendario caudillo Aparicio Saravia. Ante la situación, intimidado, Katanga oculta con cuidado en su bolsillo unas cartas comprometedoras, que había recibido de un periódico comunista. No hacía mucho tiempo, la policía lo había detenido y torturado (28). Los linyeras les dicen a los policías que ellos son pobres sin trabajo, que salieron hace un tiempo de Villa Desocupación, en Buenos Aires, en busca de nuevos horizontes. Necesitan ayuda. La policía no les cree y arrestan a Katanga.
Luego que parten, Lon Chaney confiesa a sus amigos que, en un descuido de la policía, Katanga le había pasado las cartas comprometedoras que ocultaba. La policía no tenía pruebas contra él. Varios de ellos habían estado esa tarde en una asamblea de obreros de la construcción. Aparicio les había entregado diez mil pesos a los huelguistas. La policía sospechaba de él y esa noche iba a escaparse, oculto en el tren de carga. Longines, el experto relojero, está preparando con dinamita cuatro bombas caseras. Dijunto se propone colocarlas en puntos estratégicos de la ciudad, para confundir a la policía y hacer que liberen a Katanga.
Los policías llevan al detenido a la comisaría y le hacen preguntas. Katanga, astuto, se hace el tonto. Finge que no entiende. Sabía cómo hacerlo, había sido un célebre ilusionista, el Doctor Inhell. De pronto, escuchan varias explosiones. El personal de la comisaría sale a ver qué pasa, Katanga los sigue. El Banco de Crédito Rural había sido reducido a escombros (46). La santería, junto al Banco, se estaba incendiando. Su dueño, el judío Leibowich, desesperado, se agarraba la cabeza. El narrador se burla de él. Katanga ve su oportunidad y, heroico, se arroja en medio del fuego a rescatar las imágenes de los santos. El Inspector, al observar su conducta sacrificada, cree que cometió un error al arrestarlo. Lo libera de inmediato y le ofrece un trabajo en la policía. Katanga “llora” agradecido. Ha logrado engañarlo. Uno de los pesquisas, sin embargo, no queda convencido del todo y desconfía de él.
Los linyeras salen en tren de Río Cuarto rumbo a Espinillo. Van en un vagón vacío, sucio y pestilente, que había transportado hacienda. El tren se detiene en Espinillo y luego sigue camino a Baigorria Gigena. Ellos, en su vagón, beben café y se entregan a sus disquisiciones sin que nadie los moleste. Hablan sobre la justicia. Katanga afirma que es “una lechuza que guiña los ojos, alternativamente, a la izquierda y a la derecha” (71). Longines cree que la sociedad “se funda en la resignación” (72). Acusa a Katanga de comunista. Él cree en el anarquismo individualista. Espera que la masa un día se rebele contra el poder y extermine a los tiranos.
Los siete, gracias a los sesenta y tres mil pesos que le robaron a la vieja Freya, jefa de mendigos, han salido de Villa Desocupación en un “viaje de turismo al ideal de los demás” (73). Esas discusiones son su manera de filosofar sobre sus experiencias. Longines afirma que para hacer la revolución no hacen falta grandes ideas: hace falta dinero. Katanga le responde que el dinero no es todo. Fortunato no comulga ni con el comunismo, ni con el anarquismo, y tampoco con el fascismo. Había sido financista en Praga. Dejó esa vida para ser pordiosero. Katanga lo acusa de haber planificado el robo a la vieja Freya. No puede hacerse el bueno. El tren llega a Almafuerte. Allí se bajan. Longines dice que lo importante en la vida “es la táctica” de cada uno para vivirla (82). Todos han tenido un pasado difícil. Sus debilidades y sus miserias los unen (90).
Llega Aparicio y les cuenta que la policía sabía que él había participado en el atentado y lo estaba buscando. Era el único sudamericano de la pandilla. Hablaba como un revolucionario. Van al embalse de Río Tercero a bañarse. Están felices, ellos aman la naturaleza. Un guardia trata de echarlos, sin éxito. Preparan una comida gourmet para el almuerzo (99). Luego de comer se dirigen al rancho de Rufo Pereyra. Este se transforma en uno de los personajes más importantes de la novela. Don Rufo vivía en una estancia, donde era capataz. Se trataba de un criollo muy particular: hablaba con un lenguaje rico, florido (104). Improvisaba versos. Era viudo y tenía un hijo pequeño, que sufría una hernia, y lloraba mucho. Tenía solo treinta años y, antes de casarse, había sido payador de boliche. En la paz del campo los amigos se sienten en comunión cósmica con la naturaleza. Disfrutan de un silencio panteísta (106). Se acuestan y meditan: Aparicio, sobre la revolución en Uruguay; Katanga, sobre la cultura; Fortunato, sobre los héroes. Katanga le cuenta a Aparicio su aventura con la policía. El hijo de Don Rufo llora mucho y no los deja dormir. El padre le canta una melancólica canción de cuna. Katanga se despierta a mediodía. Los otros habían salido en camioneta.
Durante el trayecto el vehículo se les empantana, y tienen que pedir ayuda a unos criollos, que les cobran buen dinero por sacar la camioneta con un tiro de caballos. Critican a los colonos gringos, que controlan la economía del campo. Los criollos quedan a merced de ellos.
Katanga decide ir a trabajar en el campo con Don Rufo. Lo va a ayudar a arar. Siente como si estuviera en el mundo rústico del pasado clásico virgiliano. En el descanso, Don Rufo improvisa coplas y le canta a su mujer Jacinta. Cuenta sobre su amor, la muerte de ella, su sentimiento de abandono y soledad (129). Poco después llegan sus compinches en la camioneta y se sorprenden mucho cuando encuentran a Katanga arando. Vienen con ellos el Juez de Paz y el Comisario. Estaban buscando a un delincuente que se les había escapado: Ruperto Alaniz. Los linyeras los invitan a todos a comer. Organizan un pic nic riquísimo.
Luego de comer, Longines, Dijunto y Lon Chaney se van a cazar. Los otros duermen la siesta. Longines y los otros dos encuentran en el camino a Alaniz. Les cuenta que la policía lo quería castigar porque le había pegado una paliza a un gringo que le robó. Alaniz era alguien especial: un sabio yuyero. Discuten sobre el excelente conocimiento que los criollos del lugar tenían sobre las plantas y sus propiedades curativas. Los farmacéuticos denunciaban a los curanderos por mala práctica médica y la policía los buscaba. Katanga los defiende: hacen mal en perseguirlos. El “vegetal lleva vida” al organismo; el componente mineral, que se usa en los medicamentos de la medicina moderna, en cambio, pocas veces salva vidas (148). Los linyeras simpatizan con Alaniz y le dan dinero para que escape de la policía.
Ellos regresan a lo de Don Rufo a la hora de la cena. El Comisario había salido con Aparicio, a quien creía argentino, en busca de otro fugitivo. Se detienen en el camino en una pulpería y le preguntan a Nassin Flores, el dueño, si conoce a Sayavedra, el hombre que buscaban. Nadie sabe de él. El Comisario no les cree. Aparicio llevaba encima de él dos mil pesos para la Juventud Obrera de Almafuerte. Comprende que el Comisario y el Juez no van a dejar que se los entregue al Secretario. Estos lo toman por sorpresa, le pegan y le quitan el dinero. Le dicen que se lo van a dar a los deudos de Sayavedra, pero Aparicio sabe que no es cierto. Los dos huyen. Aparicio logra llegar a Almafuerte y va en busca del Secretario de la Juventud Obrera.
El Secretario le cuenta sobre los problemas de corrupción legislativa que existen y las coimas que les piden. Muchos admiraban las “dictaduras higiénicas”. A él no le gustan los gobiernos autoritarios. Cree que hay que denunciar al imperialismo y a los políticos profesionales (162). Aparicio está de acuerdo, le dice que en la Argentina no hay hambre y no hace falta Marx; el problema son los vendepatrias, que quieren entregar el país a los ingleses y a los yanquis. El Secretario queda impresionado por su discurso y lo invita a una reunión política en lo de Don Rufo para el día siguiente. Le dice que deben cesar los manoseos de izquierda y derecha, y que necesitan “que el sol de Mayo ilumine las conciencias” (163). Critica a la democracia conservadora “cuenta votos”. El Secretario pasa a buscar en su auto a Aparicio. Conduce muy rápido. Admira la velocidad y el maquinismo contemporáneo, es un verdadero “futurista”. Llegan a lo de Don Rufo. Aparicio les cuenta que el Comisario y el Juez de Paz le robaron los dos mis pesos que debía entregar al Comité de huelga. Los linyeras, indignados, le dan al Secretario el dinero para el Comité. Este se emociona, les asegura que no es verdad lo que se dice de ellos. Los llaman comunistas, pero son solo colonos que defienden la producción (174). El Secretario parte de regreso. Los linyeras se preparan para irse.
Se despiden de Don Rufo, un criollo entrañable, con quien han entablado una amistad sincera. Admiran su hombría de bien, su apego a los valores de la tierra. Antes de partir, le dan dinero para que pueda operar la hernia de su hijo. Don Rufo les hace una gran despedida. Les sirve un almuerzo gourmet. Se marchan a Rumipal, que está cerca del Dique. Allí se instalan en una pensión. La dueña es una señora española. Las camas del lugar tienen chinches. Esa noche deciden dormir afuera en sus propios catres. Hay luna llena. La luz lunar ejerce una fuerza magnética sobre sus conciencias.
Sufren las peores pesadillas. Son verdaderas fantasmagorías vanguardistas. Los siete se desplazan por el sueño “como una tropa de sonámbulos” (189). Glisan “sobre ruedas astrales”. Marchan por “los yermos poblados de la muerte” (190). Llegan a la boca de la Vorágine. Entran en el Gran Receptáculo “tallado en la roca viva de todos los cadáveres” (191). Escuchan una música disonante. Los siete pecados capitales invaden la escena (192). Ven una gran “víscera lúcida” (194). Es la conciencia. Se la devoran. La pesadilla fantasmagórica llega a su fin. Al otro día se despiertan mal dormidos, nerviosos. La dueña se burla de ellos. La luna les había inficionado su ponzoña. Katanga cree que el magnetismo lunar altera la naturaleza de los seres (197). Un lanchero los lleva durante el día a pasear por el lago del embalse. Aparicio mantiene una discusión con el boticario del lugar sobre el uso de la lengua castellana. Le critica su manera de hablar. Este emplea expresiones exageradas, grotescas. Se burlan todos de él. El boticario se defiende y los acusa de incultos (203). Él buscaba la perfección en la lengua. Aparicio le dice que su expresión es demasiado alambicada. Parece un “gongorino”. Para Aparicio “el idioma debe traducir la modalidad natural del pueblo” (206). Rechaza a los profesores españoles engolados y a los escritores locales que se agallegan.
El Secretario viene a buscarlos. Los colonos habían organizado una “tallarinada” en su honor en la chacra de Saverio Di Noto, en Río Tercero. Van Aparicio, Katanga y Viejo Amor. Durante la comida, discuten sobre las consecuencias de la influencia extranjera en el país. Di Noto era un inmigrante que luchaba por elevar el nivel intelectual del chacarero. Había fundado la primera cooperativa del lugar. Lograron mejorar la semilla, la siembra, los silos. Lucharon contra los trusts de los acopiadores de granos. Muchos se pusieron en su contra, les restringieron el crédito. Los capitalistas aparentemente vencieron, pero ellos confían en que, gracias a amigos como Katanga, podrán defenderse (Sierra 523-8). Katanga, emocionado, contesta que es un honor intentar saciar la esperanza de los desheredados (211).
Saverio Di Noto le había dado dos mil pesos a un caudillo local para que la policía liberara a los presos políticos. Los italianos les están agradecidos por su aporte. Emocionados, beben y se ponen todos a cantar. Katanga les dice que sigan luchando por sus ideales. Después de la comida Viejo Amor convence a sus amigos de ir al prostíbulo en Río Tercero. Es un viejo lujurioso. Katanga no tenía mucho interés en las prostitutas, pero los acompaña. El ambiente del prostíbulo es soez y grosero. Varios jóvenes bailaban tango (223). Tocan “Rodríguez Peña” y “El Entrerriano”. La favorita del prostíbulo es Wenzi, una judía-polaca. Varios de los que trabajan allí son miembros de la misma familia (228).
A las nueve de la mañana salen de regreso. En la carretera tienen un accidente. Deben cambiar una rueda. Deciden ir al Embalse. Al llegar allí se enteran de algo terrible: Lon Chaney estaba al borde de la muerte. Se había caído al vacío desde un alto parapeto en el embalse. Tenía la base del cráneo rota. Poco después fallece. Es un momento triste de duelo. Lo entierran en un cajón improvisado, que había contenido una turbina, en el cementerio de Santa Rosa. 8 En Rumipal los recibe la dueña de la pensión. Le dicen que se van ese mismo día a las seis de la tarde. Sienten en medio de ellos la presencia espiritual de Lon Chaney y los seis amigos se ponen a dialogar mentalmente con él. Katanga le confiesa que lo envidia, porque ya estaba muerto. El Secretario le dice al difunto que él había vivido la vida “en función de la aventura” (249). Salen todos en auto a Corralito. Van a tomar el tren que sale para Córdoba capital. Están mal de ánimo. No van a “colarse” como otras veces: comprarán boletos. Katanga se despide del Secretario y le da un fajo de billetes. Le pide que siga luchando por sus ideas y defendiendo a los obreros rurales. El tren los lleva a Monte Ralo. Longines se siente muy triste por la muerte de Lon Chaney.
Discuten con el Inspector del tren. El ferrocarril era de los ingleses y el Inspector era un arrogante que se comportaba como un policía al servicio de los intereses de sus patrones. Longines escucha que le recrimina a un viajero que iba acompañado de un niño en el fondo del vagón. Este lloraba. Comprenden que es Don Rufo, y van a ayudarlo. Iba a Córdoba a operar a su hijito y no tenía boleto. El tren llega a Despeñaderos. Katanga busca a Longines y no lo encuentra. Poco después viene. El tren parte y se detiene en Rafael García. No ven al Inspector. El tren continúa su marcha y para en varios pueblos. El Inspector no aparece durante el trayecto. Katanga mira a Longines con insistencia, interrogándolo. Este hace una mueca y se sonríe. Imagina lo que pasó. Longines, seguramente, había empujado al Inspector a las vías (269). Había sido su manera de hacer justicia.
El tren llega a Córdoba Capital. Se alojan en la pensión de Doña Visitación. Los linyeras no se encuentran bien en la ciudad. Es una capital provinciana de “beatos”, tiene “espíritu forense” (270). Abundan los abogados y los mendigos. Los hombres necesitan “una lección de dandismo” (272). Se visten mal. En la pensión conocen a tres estudiantes del interior del país, que se hacen sus amigos: Rescoldo, riojano; Fenicio, rosarino y Pataky, santiagueño. Cerca del Hospital de Niños encuentran a Don Rufo. Está esperando que operen a su hijito. Van a la terraza del Parque Sarmiento. Desde allí pueden ver las dos caras de Córdoba: rémora y progreso (279). Un sector de la ciudad se aferra al pasado, y otro abraza el porvenir. Recorren durante varios días las sierras de Córdoba en dos autos alquilados. Fortunato cae enfermo. Viejo Amor está de amoríos con la dueña de la pensión, la niña Visi, una mujer cuarentona.
Van a visitar el Dique San Roque y el Lago. El sitio está lleno de turistas, que sacan fotos con sus cámaras Kodacs. Los critican. De pronto, para su sorpresa, ven a Freya Bolitho con su hija tuberculosa. Freya era la mendiga a la que le habían robado todo su dinero en Villa Desocupación. La saludan. Freya no sabía que ellos también habían participado en el robo. Creía que Lon Chaney y Fortunato habían sido los ladrones. Los está buscando para matarlos. Le dicen que Lon Chaney ya falleció. Ella no sospecha que ellos estaban viajando con el dinero robado. Freya, simpática, les cuenta que se había recuperado económicamente. Había formado una organización que explotaba la piedad de la gente. Tenía muchos mendigos que trabajaban para ella. Se despide de ellos y se va en auto a su hotel en las sierras.
Conocen al Chiflado, un antiguo escultor de fama, a quien una tragedia amorosa lo había llevado a vivir como ermitaño en las sierras. Odiaba a los turistas y criticaba la caridad. Decía que esta debía ser abolida y que la mendicidad era una “estafa colectiva” (308).
A la mañana siguiente se van a Córdoba capital en tren. Al llegar a la pensión reciben la noticia de que Fortunato estaba muy grave. Tenía bronconeumonía. Parece que la maldición de Freya lo había alcanzado. Viene un sacerdote a darle la extremaunción (a pesar de que era protestante) y poco después muere. Durante el velorio ven que Viejo Amor y la niña Visi se abrazan. Los dos les anuncian que van a casarse (316). Los felicitan. Los estudiantes y los enfermeros compran abundante comida y bebida para todos. El velorio se transforma en una gran fiesta.
Al amanecer Fenicio les da una noticia inquietante: atacaron a van Zuhlinder, el preparador de la Facultad de Ciencias Naturales, para robarle. Todo el mundo sabía que era nazi. Durante el atraco se le cayó al suelo una carpeta que llevaba. Fenicio la recogió. Adentro contenía papeles y documentos escritos en alemán. Se las entrega (332). Longines hablaba alemán. Esa noche Longines lee el manuscrito de cuarenta y dos páginas. Se trataba de un estudio del Instituto de Entomología sobre diferentes tipos de insectos.
Longines, además de relojero, era criptógrafo. Había tenido una carrera ejecutiva brillante como director de la Unión Suiza de 10 Relojería en Buenos Aires. En la crisis del año 14 perdió todo, y se fue a vivir a Villa Desocupación con los más pobres (344). Longines comprende que el texto, aparentemente inofensivo, contiene datos cifrados. Estudia el manuscrito con detenimiento. Tiene muchos dibujos. Descubre, en las alas de unas grandes mariposas, un plan para apropiarse de las tierras del sur de Brasil, de una parte del Uruguay y de la provincia de Misiones en Argentina. Se trataba de un complot nazi. Los pueblos habitados por colonos alemanes en esa región de Sud América, estaban controlados por “emisarios nazis”, agentes del Partido Nacional Socialista (352).
Le cuenta a Katanga sobre su descubrimiento. Este le dice que hay que revelar ese plan a las autoridades. Tienen las pruebas. Alemania no podrá expandirse a costa de “las ingenuas democracias de América” (354). Deben informar todo a la Liga de las Naciones. Cree que los nazis tienen cadenas de espías distribuidos en diversas ciudades de Brasil y Argentina. El racismo está destruyendo a Alemania. A la mañana siguiente le cuentan todo a sus amigos.
Van al Parque Sarmiento. Se sientan los cinco en un banco, cerca de la estatua del Dante, a conversar sobre su situación. Están tristes, extrañan a sus dos amigos muertos. Sienten que la gira ha sido un fracaso. Cada uno deberá seguir por su lado. Viejo Amor está por casarse pronto. Dijunto dice que quiere comprarse una quinta y vivir en el campo. Aparicio se considera un revolucionario, y desea continuar “su apostolado político” (359). Se ponen a contar cuánto dinero les resta de la suma que le habían robado a Freya Bolitho. Deciden repartirlo equitativamente entre todos.
Por la noche Longines y Kapanga se reúnen con Aparicio en la habitación de Don Rufo. No querían despertar sospechas. Tenían frente a ellos el cartapacio de Ian von Zuhlinder. Van a denunciarlo. Le explican a Aparicio que en 24 horas él iba a ser un hombre famoso. Era el único sudamericano del grupo y debía encargarse de hacer la denuncia del complot que los amenazaba. Se harían reuniones con representantes de Uruguay, Argentina, Brasil y Estados Unidos.
Longines le explica a Aparicio en forma detallada cómo es el plan nazi que descubrieron. Los tres, de manera desinteresada, ponen el dinero que les repartieron al servicio de su misión. Compran ropa formal en una sastrería para la ocasión. Organizan una conferencia para el día siguiente en el Hotel Bristol. Estarán presentes los agregados militares de los cuatro países a los que llamaron y la prensa internacional. Las cancillerías de Estados Unidos y Brasil están de acuerdo en rebelar todo en 24 hrs al resto del mundo. Esa noche duermen en el Hotel. A la mañana tiene lugar la conferencia.
Al día siguiente Longines y Katanga regresan a la pensión. En el camino se detienen en Panagra, la compañía de aviación, y sacan dos pasajes para Mollendo, Perú, para el otro día. Esa noche se despiden de Dijunto. Viejo Amor anuncia la fecha de su boda con Doña Visi. Longines y Katanga preparan sus equipajes (377). Le escriben una carta a Aparicio, donde le informan que se van. Por la noche tienen pesadillas. Se levantan temprano y van a desayunar al Bar L´Aiglon. Leen las tapas de los diarios, que informan sobre un complot nazi en Sud América. Se van al aeródromo. Cuando llega el avión, ven que descienden de él dos pesquisas, con un pasajero esposado. Se trata de un espía, al que han apresado: Ian von Zuhlinder. El avión despega. Longines y Katanga son dos “cantos rodados”, que alzan vuelo y se pierden en el cielo “como la sombra de dos aves en la memoria” (380). La novela ha llegado a su fin. Filloy emplea en esta obra un lenguaje narrativo vanguardista, que busca poner la materialidad del lenguaje en primera línea y problematizar la forma. Cuenta una historia política compleja, contemporánea y rica en acontecimientos. Pone en escena individuos marginales que interpretan la realidad social y tratan de intervenir en ella políticamente. Buscan la justicia.
Filloy se propone en su novela lograr un equilibrio entre contenido y forma. Los “linyeras” protagonistas son extranjeros, que viven lo que ocurre en el país como algo propio y se identifican con su gente. Su ideología es transnacional: son comunistas, anarquistas, revolucionarios. Observan críticamente el mundo social. Son individuos viejos casi todos, experimentados y pueden comparar el presente con el pasado. Son “sabios”. El objetivo de su peregrinación es comprender cómo nace y se constituye “el ideal de los demás” (73). Quieren descubrir cómo son las ideas que movilizan las conciencias y llevan a los seres humanos a identificarse con un destino común.
Los hombres son capaces de luchar por sus ideas. Desean alcanzar un ideal. Valoran la fuerza creativa que poseen los ideales, capaces de transformar a los seres y a las cosas. Las ideas pueden llevar a que se realicen cambios en el mundo histórico. Crecen, se imponen y nos hacen sentir que somos nosotros quienes modelamos nuestro entorno. Esa marcha hacia un ideal implica una lucha colectiva para hacer posible el ideal. Es un movimiento social, durante el cual los sujetos 12 se enfrentan a otras fuerzas que tratan de desviarlos de sus fines. Gracias al ideal el mundo parece tener un objetivo. Los personajes mantienen entre sí una relación de amistad sincera. Cada uno de ellos tiene una personalidad distintiva. Sus diferencias individuales enriquecen la interacción y los obligan al diálogo y a la polémica. Tienen que explicarse, y justificarse y convencer también a los otros.
El juego intelectual es parte central de la novela. Sus largas disquisiciones eruditas enriquecen y entretienen al lector. La trama pasa muchas veces a segundo plano, y los complejos argumentos sobre los múltiples temas políticos y morales que va planteando la obra se vuelven los protagonistas. El discurso se autonomiza. El discurso narrativo emplea una lengua culta, barroca, repleta de figuras. Sus sofisticados argumentos se expanden y enriquecen con nuevos argumentos. La narración atrae al lector y lo seduce. Es una narración informativa, pedagógica, conceptualmente significativa. Como hombre de Derecho, el autor es un retórico experto y brilla en el arte de la argumentación. Esta es persuasiva, convincente.
Su prosa posee un despliegue excepcional de riqueza verbal. Filloy crea personajes exóticos, extravagantes. Rompe el contrato realista de verosimilitud con el lector. Su historia es simbólica, alegórica. Nos muestra un mundo deformado, de personajes exagerados, contradictorios. Su aspecto físico es desagradable. Los viejos linyeras están sucios y mal vestidos. Inventa situaciones absurdas y las presenta como posibles. Comienzan el viaje en Villa Desocupación, una de las primeras villas urbanas de desempleados que se forma en Argentina. Son parte de un grupo de seres que han sido marginados por su sociedad. Es la década del treinta y el mundo está en plena crisis financiera y económica. Los inmigrantes la sufren de una manera intensa. Sus historias testimonian sus fracasos.
El pesimismo y el sentimiento de impotencia ante la realidad se apodera de diversos sectores de nuestra sociedad y se refleja en su cultura (Colombo y Tomassini 285-7). El tango expresa de una manera lúcida y sentimental el estado emocional de los sectores populares en esos años. Angustia, derrotismo, impotencia (Pérez, “Las letras de los tangos de E. S. Discépolo” 28- 62).
El país por el que viajan muestra una sociedad dividida, en crisis. Los colonos se enfrentan a los terratenientes, y explotan y excluyen a los criollos. Estos tratan de reaccionar y resisten. Los colonos se organizan políticamente. Kapanga y sus amigos ayudan a los huelguistas. Estos luchan contra los poderosos terratenientes y capitalistas. Los linyeras simpatizan con el comunismo y el anarquismo, aunque no militan directamente en movimientos políticos. A pesar de esto, apoyan a los que están en lucha, se solidarizan con ellos. Apuestan a la resistencia y a la revolución. Utilizan el dinero que le robaron a una mendiga pícara, Freya, en Villa Desocupación, para viajar y “hacer el bien”: ayudan a los que se rebelan contra el gran capital y se burlan de la policía rural.
Durante el viaje conocen a quien simboliza la suma de valores del alma criolla en retirada: Don Rufo. Es un gaucho que es padre y madre: cambia la payada por las canciones de cuna para dormir a su bebé enfermo. En él encuentran la nobleza del viejo gaucho. Don Rufo ama el lenguaje rico y florido, y habla la lengua criolla coloquial de la campaña. Es un personaje afirmativo del sentido y valor de la nacionalidad. Denuncia las injusticias que sufre el criollo. Este último no puede adaptarse a las demandas de la nueva sociedad moderna, que giran sobre el interés y el afán de lucro. Los chacareros inmigrantes no entienden los valores ancestrales de la tierra rioplatense. Están muy pendientes del dinero y la ganancia, y terminan utilizando a los criollos como mano de obra barata, o quitándoles directamente su trabajo y remplazándolos por extranjeros.
Filloy compara al hombre de campo, que ama a la naturaleza, con el habitante de la ciudad, práctico y egoísta. El hombre de campo es generoso y auténtico, mientras el citadino del interior, el cordobés, es calculador, prejuicioso, adquisitivo. En Córdoba dominan las antiguas instituciones que formaron históricamente a la ciudad: la Universidad y la Iglesia. La describe como a una ciudad de “doctores” y beatos. El grupo de amigos se enfrenta a la policía. Ayudan a los huelguistas. Realizan un atentado terrorista. Colocan cuatro bombas caseras.
Filloy se burla de la policía de campaña. Los muestra como ignorantes y sin principios. Los linyeras no respetan la propiedad privada. Le han quitado todo lo que tenía a Freya, la falsa mendiga. Esta había ocultado su dinero dentro de un pan. Lo utilizan para viajar. Deseaban conocer el ideal de los demás. Una vez en el camino, ya no roban más. Dan dinero a quien lo necesita. Lo emplean para hacer justicia. Le entregan a Don Rufo fondos suficientes como para que opere a su hijo enfermo. Tienen un agudo sentido de la moral. La policía, en cambio, es inmoral: no representa ni la ley ni el orden. Los agentes no vacilan en golpear a Aparicio y robarle el dinero que lleva.
Los linyeras desean reparar las injusticias sociales. Los policías usan su poder para quedarse con lo ajeno y quedar impunes ante la ley. Como en las novelas anteriores de Filloy, la ley siempre protege al más fuerte. Lejos de contribuir al equilibrio social, sostiene el poder de un grupo contra otro grupo, al que el primero explota. La ley es clasista, está al servicio del amo.
En la última parte de la novela, Filloy indaga sobre un tópico muy sensible en la década del treinta del pasado siglo: el nazismo. Un estudiante que vive en la pensión, Fenicio, recoge del suelo una carpeta que se le cayó a van Zuhlinder, un individuo misterioso. Katanga cree que es un espía nazi. Longines logra descifrar el documento que va dentro de la carpeta y descubre que Alemania trama un complot contra América del Sur. Quiere apropiarse del sur de Brasil, de la parte oeste del Uruguay y del noreste de Argentina (354). La amenaza internacional hace que todos se unan.
Los personajes están de acuerdo: no hay disputa ideológica entre ellos. Los países de América, pensaba Katanga, estaban en contra del nazismo alemán (368). Ellos se proponen denunciar el complot descubierto. Quieren desbaratar los planes de agresión nazi contra Sudamérica. Van a transformarse en héroes. Dado que Katanga y Longines son extranjeros europeos, le piden a Aparicio, el uruguayo, que hable con los representantes de los gobiernos de esos países (371).
En el final de la novela los linyeras salvan a Sudamérica. El grupo ha concluido su viaje al ideal de los demás y se separa. Katanga y Longines deciden irse a Perú. La vida continúa. Vivirán seguramente otras aventuras. La novela tiene un final feliz.
Caterva es el más importante logro de Filloy en esa década. Con esta novela, argentiniza la vanguardia. De ahí en más, su narrativa será un referente necesario para otros escritores que deseen hacer novela de vanguardia, como Marechal y Cortázar (Olmos 58 -75). Podemos leer la novelística experimental vanguardista argentina como una sucesión que va de Filloy, a Marechal y a Cortázar (Pérez, “La teoría de la novela de Julio Cortázar” 105-20). Caterva, 1937, Adán Buenos Aires, 1948 y Rayuela, 1963, son los grandes hitos de esta narrativa (Barcia 455-57).
Todos estos escritores se proponen mantener en sus novelas principios constructivos experimentales. Son parte de una estética que busca trascender un momento histórico determinado. Marechal comenzó a escribir su obra a fines de la década del veinte, pero no la publicó hasta 1948. Filloy y Marechal son contemporáneos, forman parte de la primera vanguardia histórica en Argentina. Rayuela, en cambio, responde a un nuevo momento experimental neo-vanguardista de la narrativa durante los años sesenta. Cortázar (1914-1984), casi veinte años más joven que Filloy, busca recrear en los sesenta el experimento vanguardista de los veinte y dar a su lenguaje valor universal. Filloy no volverá a publicar nuevos libros de narrativa hasta la década del setenta. Caterva cierra con éxito un ciclo de búsqueda novelística en esta etapa de su carrera.
Filloy queda en la historia de nuestras letras como el primer autor nacional que escribe una novela vanguardista siguiendo nuevos principios constructivos, cuenta una historia que ocurre en el interior del país y presenta personajes inmersos en los conflictos sociales y políticos de su época.
Bibliografía citada
Barcia, Pedro L. “Las precursiones narratológicas de Juan Filloy”. BAAL No. LXIX (2004): 451- 465.
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Cortázar, Julio. Rayuela. Buenos Aires: Sudamericana, 1972.
Davis González, Ana. “El campo intelectual y cultural argentino de la Década Infame (1929-1945)”. Artifara No. 19 (2019): 213-232.
Filloy, Juan. Op Oloop. Buenos Aires: El cuenco de plata, 2011.
Filloy, Juan. -¡Estafen! Buenos Aires: El cuenco de plata, 2010.
Filloy, Juan. Caterva. Buenos Aires: El cuenco de plata, 2006.
Guevara, Martina. Juan Filloy en la década del 30. Villa María: Eduvim, 2022. Kindle.
Magnus, Ariel. Un atleta de las letras. Biografía literaria de Juan Filloy. Villa María: Eduvim, 2017. Kindle.
Marechal, Leopoldo. Adán Buenosayres. Buenos Aires: Sudamericana, 1948.
Olmos, Candelaria de. “La vida (in)visible de Juan Filloy: revisando el mito del escritor oculto”. La Palabra No. 36 (Enero - Marzo 2020): 59-75.
Pérez, Alberto Julián. “La teoría de la novela de Julio Cortázar”. Novela y poesía en Hispanoamérica. Minden, NV: Barker & Jules, 2021: 105-120.
Pérez, Alberto Julián. “Las letras de los tangos de E. S. Discépolo”. Hispanic Poetry Review 9 (18) (2011): 28-62.
Preobrazhenski, Eugeni. Anarquismo y Comunismo. Madrid: Fundación Federico Engels, 2005. 16 Traducción: Grupo de Traductores de la Fundación Federico Engels.
Sierra, Marta. “Máquinas, ficciones y sociedades secretas: Caterva y La ciudad ausente”. Revista Iberoamericana No. 211 (Abril - Junio 2005): 521-537.
Snitcofsky, Valeria. “Las villas de Buenos Aires durante el siglo XX”. Revista Eletronica do Centro Interdisciplinar de Estudos sobre a Cidade No. 10 (2015): 282-311.
Publicado en Revista Renacentista, Febrero 2026. Web.
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